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Anécdotas II

Recuerdos de una época maravillosa

José María Ponce y Emilio Macías
José María Ponce y Emilio Macías
La de hoy está referida a nuestra unión entre la pasión por la radio y las viejas apetencias de ir en el asiento de la derecha, como lo fueron esos cinco años en los inicios de la carrera deportiva de José María Ponce.

Nos adentramos en el pasado y en la celebración de aquellos Camel Off Road que fueron recorriendo las islas con actividad automovilística y en esa tarea recibo la invitación para ir de copiloto en el Ralli de La Oliva con el BMW Chamonix de José María en la época en que eran casi secretos los tramos.

Para la ocasión se había desplazado paralelamente la redacción de motor de la emisora para retransmitir en directo la prueba como era habitual en aquellos años, y hasta las cinco o seis de la tarde colaboré con el resto de compañeros en preparar el operativo del día siguiente.

Sobre esa hora ya me incorporo al equipo con el que iría a participar y realizo las correspondientes instalaciones de la emisora con la que queríamos hacer llegar las impresiones desde dentro del vehículo de lo que fuera aconteciendo.

Ya desde esa hora nos llega el "run run" de un tramo en el que existía una curva ciega a izquierdas con la que había que tener cuidado, sabíamos que era en el tramo de La Machacadora pero no conocíamos más datos.

Comienza la prueba y todo iba, nunca mejor dicho, sobre ruedas, hasta precisamente ese tramo de La Machacadora en la que tomamos la salida e íbamos narrando las impresiones desde el asiento derecho, hasta que de pronto, llegamos a esa curva de izquierdas que no esperábamos y casi en cámara lenta nos salíamos de la pista y en directo para toda la audiencia, que en aquella época era mucha, se oyó un claro y nítido Coño, volcamos. Y en la emisora, luego me contarían, se hizo de nuevo un largo silencio.

A todas estas, el publico nos ayuda a enderezar el BMW, lo ponemos en marcha y buscamos entre todos una ruta por donde salir de allí, quitando alguna piedra, levantando el coche como se podía, hasta que logramos colocarlo de nuevo en pista y continuar.

Todos esos minutos fueron de incertidumbre en la base central de la emisora, pues no conocían el alcance de la salida de pista y Esteban Morales hacía lo imposible para rellenar el espacio a la espera de alguna noticia.

Y la noticia llegó. De repente llega a la emisora, que mantenía el canal abierto con nosotros, otro claro mensaje: La antena no se ha roto y podemos seguir contándoles que seguimos en carrera aunque ya con mucho tiempo perdido... Como si nada. Sin más.

Eso ocurría en Fuerteventura y en Las Palmas de Gran Canaria había en esos instantes una oyente muy especial, que con asombro escuchaba lo que estaba sucediendo, embarazada de seis meses de mi hijo Javier. Ana no se creía lo que estaba escuchando. Esteban recuperaba el aliento y la prueba seguía sin mayores incidencias.

Eran cosas del directo(Y de una volcada inoportuna)
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